¿Cómo comienzo la historia? ¿Cuando me piqué horrible porque la campaña de Pandora resultó ser una nefasta propaganda para Un Techo Para Mi País? Tendrá algún valor hacer un disclaimer de cuánto me llegó al pincho desde un principio todo el asunto de Un Techo y su rollo ‘asistencialista’. Me he pasado las últimas dos semanas entrevistando a críticos y defensores de esta ONG que cuya intención más evidente al ojo humano y medianamente interesado es reemplazar casas de estera por casas de madera, como quien interpretó mal el cuento de Los Tres Chanchitos.

 

Un Techo se define a si mismo como “Una organización Latinoamericana sin fines de lucro,  liderada por jóvenes de distintos países de Ameríca Latina, que se dedica a promover la toma de conciencia entre personas menores a treinta años respecto a lo importante que es que los más necesitados cuenten con una vivienda. Hace especial énfasis en  en los asentamientos marginales para mejorar su calidad de vida y lleva a cabo programas de Habilitación Social. A la fecha reportan haber construido más de 78.000 viviendas de emergencia y tener más de 400.000 voluntarios.”  en la página de Wikipedia obviamente escrita por ellos mismos. Todo comenzó en Chile por una movida liderada por jesuitas y a través de los años se ha extendido hasta 19 países latinoamericanos. A pesar de las críticas constantes que reciben de tomar un rol paternalista sobre los pobres por construirles jatitos pichiruquis que luego se caen a pedazos, en realidad el plan de la construcción de viviendas es sólo parte de la primera etapa del plan de Un Techo. Las siguientes etapas constan de integración social, desarrollo de comunidades y etc que catalogan bajo el nombre de ‘Mesa de Trabajo’, que recientemente se han implementado en el Perú y, bueno, no hay muestra aún de qué tal va eso. En todo caso, por ahí no va la crítica, siquiera. Comencemos hablando de arquitectura:

Así se ve una casa de Un Techo por afuera

Y así por dentro (sans el cartel publicitario, creeeo)

Tras entrevistar a 3 arquitectos a cargo del proyecto Territorio 3.1, me comentaron que hay dos fallas críticas con esta estructura. Para comenzar, el material que se usa es Pinus Radiata, que es conocido por ser buen material para la construcción de muebles, pero para nada buen material para la construcción de casas. Es más, en ambientes húmedos como Lima, esta madera suele malograrse después de 2 años, con la aparición de hongos que, obviamente, son perjudiciales para la salud de las personas habitando la vivienda. Hooya! Al entrevistar a la gerente general de Un Techo en el Perú, Jackie Hernández, ella me aseguró que a través de los estudios realizados por la organización, el Pinus Radiata era el mejor material que se podía usar. Según los arquitectos de Territorio 3.1, usar drywall sería igual de eficiente y a 1/4 del precio. Además, el Pinus Radiata no crece en el Perú (salvo en Cajamarca), sino en Chile (de donde es importado, y donde se establece la sede de Un Techo yyyy donde, por cierto, fucking odian a Un Techo). Food for thought.

Además, según evaluaciones antropológicas, el hecho de que se realicen viviendas de una sola habitación traen problemas sociales bastante pendejas. Que toda una familia tenga que coexistir en la misma habitación trae problemas como que por ejemplo los padres puedan llegar borrachos al mismo cuarto en el que duermen sus hijos (problema cotidiano en el Perú, googléalo) o que los niños estudien en el mismo cuarto donde se está cocinando: no es la voz. Si bien existen limitaciones en cuanto a la construcción debido al costo, fácil podrían, no sé, usar drywall (made in Perú) en vez de fucking Pinus Radiata para que construir viviendas de dos habitaciones sea más factible y económico. Además, muchos alegan que el hecho de construir viviendas en lugar de edificaciones comunitarias (centros cívicos estilo wawa huasi, escaleras de acceso a los cerros, e incluso baños públicos) sería mucho más efectivo en una cultura como Perú. Entonces, ¿qué onda? ¿Acaso no se han hecho estudios específicos a la condición de pobreza en el Perú? Según el estudiante de sociología, ex-voluntario de Un Techo, Daniel Hanashiro, “Nop, nada que ver” (parafraseando).

En Perú, como en la mayoría (¿todos?) de países latinoamericanos parece que se usa el mismo modelo que se se utilizó en Chile inicialmente… el cual, por cierto, tampoco fue muy efectivo. Ahora, no sé si los de Un Techo jamás han oído las sabias letras de el artista conocido como ‘Calle 13’, pero latinoamérica es un continente de culturas y condiciones heterogéneas por lo que querer implementar una misma plataforma de desarrollo social es tan absurdo como promover la democracia en China.

Por último, está el tema de los voluntarios. Un Techo hace uso de reclutamiento en universidades y colegios en todo el Perú con dos motivos claros: 1) hacer que estudiantes visiten zonas de pobreza y contribuyan a su desarrollo para que tengan un mejor entendimiento de las condiciones en las que vive gente en zonas a las que normalmente no tiene acceso y 2) mano de obra grátis. No sólo eso, pero los voluntarios deben pagar S/.40 para participar en ir a trabajar construyendo casas en el desierto. Esta colaboración económica sería mucho más entendible si es que Un Techo no fuese auspiciado por fucking Barrick (minera de oro) y fucking Repsol (la tercera empresa privada con más ingresos en todo el Perú) y además realizasen eventos de donación constantes como lo fueron ‘Conciertecho’ (donde tocó Molotov) y demás campañas en colegios y universidades (fuentes me dicen que, por ejemplo, en una campaña de donaciones realizada en el Colegio Inmaculada, se recaudaron alrededor de 35mil leks). ¿Cuál es el sentido de las donaciones por parte de los voluntarios entonces? ¿Cuánta plata están recibiendo de las empresas inversionistas realmente? No se puede fucking saber ya que su la página de transparencia de Un Techo está fucking EN BLANCO:

Más blanco que la gente en las publicidades de Un Techo

Además, el tema del voluntariado tiene sus huevaditas raras también. Checa: hay una seria desproporción de reclutamiento, e interés, entre universidades/colegios privados y estatales. Según la gerente general de Un Techo, la última vez que se realizó un reclutamiento de voluntarios en la San Marcos fue el 2010. No se realiza de manera tan constante como en las universidades privadas porque hay ‘menos convocatoria’. Conversación con Jackie Hernández, GG de Un Techo:

Jackie: “De repente de 50 personas que lográbamos convocar a una charla, finalmente se anotaron 2 personas.”
Cero Contenido: “¿Por qué creas que sea esto?”
Jackie: “La verdad que yo siento que sea un tema de costo de oportunidad. Evidentemente en las universidades nacionales hay un costo de oportunidad más alto, ¿no? Osea, dejar de estudiar o dejar de trabajar es más caro si evidentemente tienes tu tiempo limitado para estudiar o trabajar. Hay gente que realmente necesita trabajar para estudiar, también. El ser voluntario es finalmente como un lujo.” 

Jackie Hernández

Bueno Jackie, fácil tendrían más convocatoria si usasen parte de sus inversiones por parte de empresas privadas para fucking subsidiar a los voluntarios que, al fin y al cabo, están trabajando gratis para ustedes. Si bien se puede entender, desde un punto de vista gerencial, por qué perderían interés en invertir en reclutar en universidades públicas con baja convocatoria, fácil deberían considerar mejor las consecuencias de sus acciones. La virtualmente inexistente falta de estrategia de reclutamiento en universidades nacionales crea grandes brechas sociales. Todo se resumió con un comentario de una estudiante sanmarquina llamada Teresa que, al preguntarle si alguna vez había visto un módulo de reclutamiento de Un Techo en San Marcos, me dijo: “Pfff, no. ¿Acaso alguna vez has visto al MOVADEF reclutando en la UPC o la ULima? Cada uno con su audiencia.”

J-just think about it (8)

Pero bueno, todos estos problemas se pueden solucionar. Hablando con la gente de Un Techo me he dado cuenta que (la mayoría) sí tienen almas y que muchos tienen una seria vocación con ayudar la situación de la extrema pobreza en el Perú. Si bien muchos se pican al toque por cualquier huevada, siendo una organización tan grande como es, hay una gran suma de voluntarios que aceptan críticas y esto es algo normal en cualquier organización que busca mejorar porque nada es perfecto. Siiiiin embargo, hay problemas mucho más jodidos que trascienden a Un Techo e involucran fallas organizacionales del Perú como Estado. Volvamos con nuestro entrevistado sociólogo de la PUCP ex-voluntario de Un Techo, Daniel Hanashiro.

Danny boy

Para que Un Techo le construya una jato a una familia, esta familia tiene que cumplir con ciertos criterios. Estos criterios involucran que la familia sea dueña del terreno sobre el cuál se construye, pero en general involucran que su vivienda sea lo suficientemente precaria como para que amerite que Un Techo le construya una casa de madera y que esto sera una mejora a su condición actual. Según lo que nos contó Daniel, hay casos aislados en los que “3 o 4 meses después las familias ya no viven en [en las viviendas que se les ha construído]”. En un caso específico de Ventanilla, en el 2008, se construyeron 20 casas y en el 2011 cuando Un Techo volvió, la casas que ellos mismos habían construído cumplían con los criterios necesarios para que les vuelvan a construir una jato.

Aclaremos: este ha sido un caso aislado, y en otras ocasiones las familias que han sido beneficiadas con casas construídas por Un Techo han logrado ampliar construcciones incluyendo: pisos de cemento, nuevas habitaciones e incluso de desagüe. Es decir, en ocasiones el hecho de construirle una casa de madera a familias sí favorece sus capacidades y motivación a mejorar su condición de vivienda. Esto, sin embargo, sucede de una manera bastante arbitraria ya que Un Techo no mantiene ningún sistema de seguimiento con respecto a los proyectos que realiza. “Pero igual están ayudando,” puedes argumentar… y sería un gran argumento si es que no existiese la ley de ‘Obras por Impuestos’. Aquí, una entrevista con el abogado tributarista Francisco Ruiz de Castillo y Ponce de León (cuando le mandé un mail le dije simplemente Sr.Ruiz) que nos explica esta ley y sus implicancias.

Basicamente lo que nos dice es que el monto que una empresa privada (léase Barrick o Repsol) invierta en ONGs u obras de caridad se les deducirá de los impuestos que les toca pagar al Estado. En otras palabras, en vez de que esa plata pueda llegar algo así como el Ministerio de Viviendas, la plata le cae a ONGs como ‘Un Techo Para Mi País’. ¿Por qué? Porque supuestamente la mayoría de economistas están de acuerdo con que las obras públicas deben ser realizadas por empresas privadas en vez de por el Estado, ya que este es corrupto e ineficiente. No sé qué tan corrupto sea Un Techo, pero se ha demostrado que es al menos un toque ineficiente. ¿Hay regularización del Estado sobre la eficiencia de los proyectos realizados por Un Techo? No. ¿Hay seguimiento por parte de la ONG sobre sus propios proyectos? No. ¿Hay capacidad de los ciudadanos peruanos de decidir hacia donde va el dinero que debería estar recaudando su Estado a través de impuestos? Jeje, tú lo adivinaste: nop. ¿Me estás diciendo que la plata que podría ir al Estado para propagar programas de desarrollo realizados por gobernantes electos que deben, por ley, rendir cuentas a el pueblo van en vez a ONGs privadas que no tienen ningún sistema de evaluación sobre proyectos y pueden hacer legalmente lo que les de la gana con el dinero?

Esta es una crítica que trasciende a Un Techo y se dirige a el funcionamiento de las leyes con respecto a las ONGs en el Perú. Putos. Y, ¿por qué una empresa privada preferiría donar su dinero a una obra caritativa privada que al Estado directamente?

Porque es donar, en vez de pagar impuestos, es fucking publicidad gratuita pues, no jodas. Las empresas se benefician de sus donaciones a través de la buena imagen que esto ocasiona, mientras al mismo tiempo, evitan pagar impuestos directamente al Estado. Esto no asegura que el dinero invertido vaya dirigido a obras bien realizadas. Las empresas privadas no evalúan la eficiencia de las ONGs a las que invierten su dinero ya que, ¿a ellos qué chucha la condición social del país, pues? Las ONGs le restan responsabilidad al Estado al hacer su labor por ellas, y ni siquiera lo hacen de una manera eficiente. El Estado se lava las manos de su responsabilidad, otorgándosela a las ONGs sin siquiera hacer una evaluación o seguimiento de la eficacia de las obras de estas. Todo está cagado. Todo. Está. Cagado.

“El sistema neo-liberal nos está llevando a la mierda, broder.”

P.D.: Un Techo respondió a través de esta nota en FB.