Estoy en una de esas reuniones de estudiantes o egresados de psicología, derecho o economía. Peor si son de la Universidad de Lima o la Pacífico. Igual si es la PUCP. La mayoría de las feministas o abogadas exitosas que han venido ya piensan en embarazarse, comprometerse o asegurar plansito, porque si se preñó antes de los 24 es perra. Hay harto trago, pese a que no se hizo chancha y todos están a full con el blackberry. Por alguna razón que no entiendo a las mujeres pitucas que prefieren abusar del blackberry antes de que papi les compre un celular más moderno. “Es por el blackberry messenger y el tecladito”, me explica la más tonta.

En eso tu amigo de letras, o conocido de algunas de estas reuniones te hace la señal o el comentario que esperabas: “¿tienes pa’ lanzar?”.

Me llega al pincho Mujica
Recuerdo haber visto el año pasado un reportaje que hacía Frecuencia Latina sobre Aldo Mariátegui. Abordaban su perfil “controversial”, que él defendía como la expresión violenta y maximizada de su tendencia liberal. Se defendía de las críticas de cucufato y ultra-derechista aduciendo que estaba a favor de lo ultimito en tendencias liberales. Al final lo entrevistaban en una banquita de parque (toma casual) y cerraba con la siguiente frase: “Yo soy un liberal. Estoy a favor de la legalización de la marihuana”.

Sería interesante saber si es que Aldo Mariátegui del 2012, amigo íntimo de Cipriani (con el cual se comporta como un niño, es decir, haciéndole fellatio), está dispuesto a defender esta declaración, sobre todo si uno de los principales argumentos de la derecha cavernaria contra la gestión de la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, ha sido su consumo de drogas, el de su hija, y el de todos sus amigos caviares.

Fuera de si te guste Villarán o no, es sorprendente cómo tanto fumón, curichero, borracho y “bi-curious” puede usar como un argumento “convincente” contra la gestión de la municipalidad de Lima el uso y abuso de drogas de los funcionarios, o una supuesta vida “libertina” de los caviares.  Novedad: los pitucos no se drogan y no les gusta que les den por el ano. Los peruanos no se drogan, los de derecha no se drogan. ¿Y Toledo? ¿Y Alan? ¿Y Cipriani? ¿Y toda esa sarta de coqueros de campeonato que lloraron cuando dejaron de vender trago en el grifo de Angamos y Comandante Espinar? ¿Y esos gays en el clóset que la pican en la Costa Verde esperando encontrarse con su próximo Santiago Magill aparcado mirando al mar? ¿Y los sodálites? Esos culos de niños no se dilatan solos.

Es rico follar niños menores de edad, pero no es chévere aceptarlo en público. Mejor esperar a la misa para señalar y decir “no lo hagas”. Tampoco es fácil aceptar que de adolescente o antes de preñar a tu flaquita has sido un coquero de campeonato, que se paseaba por Miraflores, San Isidro o Barranco con la sonrisa de Magaly Medina (pre-operación) buscando un falso a como de lugar.

La respuesta caviar es también detestable y patética. En la mayoría de los casos ha sido el silencio que acepta la condena: “Sí, pe, soy fumón, pero normal, ¿no?”. ¿Qué se puede esperar?, si ya tenemos a una alcaldía de Lima que se rebaja a limpiar los grafittis y pintas que hacen sus hijos más ilustres en monumentos que hasta hace un par de meses nadie conocía y que a nadie le importa. (Visitar monumentos es para cholos, a menos que cerca venda anticuchos la tía Grimanesa o alguna negra o chola con sazón y que se lave las manos antes de servirte tu porción).

 

Legaliza Perú (o de cómo manipular pitucos cucufatos)
Entonces algunos politólogos adictos a estudiar la sociedad política peruana a partir de la intención de voto (cojudez), no se explican cómo es que Susana Villarán ganó con el voto de tanto pituco pechofrío. Y es que existe una fórmula sencilla para manipular a masas (hordas) de limeños que no tienen idea de qué chucha quieren, pero que quieren algo, porque ser un pituco con billete, carro y coca en el poto ya no es suficiente.

Se hace fácil: pones a un gay payaso en televisión que simbolice todo aquello que es “prohibido” pero “friendly” y le otorgas el poder de decirte, sugerirte (ordenarte) qué debes hacer. Un homosexual adicto a las drogas, blanco, literato y cachoso que te dice que votes por la cojuda que tus papás odian. Y a la siguiente elección te dice que hagas lo que tu abuelo facho te hibiera pedido que hagas. Casi como un almuerzo familiar post-misa dominical. Así avanzó el Perú, y así somos cada día menos conservadores.

Y de repente te preguntas por qué las marchas por la legalización de la marihuana o cualquier causa política “liberal” (Aldo Mariátegui dixit) están llenas de pastrulos impresentables y no hay personas respetables que salgan del clóset del oscurantismo del siglo XX.

“Vamos a lanzar pes ‘on” De vuelta a la reunión. Tu pata te pide gostas. No tienes, no usas. “Porfa, no le digas nada a mi flaca”. “Normal“.