Desde el inicios de la publicidad en los medios masivos ha existido una fuerte presencia de la falacia de apelación a la autoridad. Usamos a estrellas para promocionar productos comerciales ya que estas personalidades reconocibles suelen persuadir a la mayoría de consumidores de que al comprar el mismo producto que ellos, nos volvemos igual de cool que nuestros héroes del mundo del cine, música y deportes. Esta es la razón por la que, hoy en día, ya no puedo pensar en Pepsi sin que Shakira (rubia) aparezca en mi mente. La apelación a las figuras de autoridad es tanto la práctica más común en la publicidad como también lo es la práctica más floja, vaga y gay. Prueba de ello es la nueva propaganda de Lays y Doritos en la que sale Maicelo, el boxeador:

Esta imagen ha sido la causa de que ahora, cuando busques a Maicelo en Google, en el autofill de la barra de búsqueda salga esto:

True story.

Si bien como sociedad hemos aprendido a aceptar el hecho de que David Villa toma Big Cola y de que a Gastón Acurio le gusta absolutamente todo lo que come en televisión, creo que pasar de esto a el hecho de que exista una apelación a las figuras de autoridad en el campo del periodismo y temas sociales existe un grande abismo gigante lleno de mierda. Aquí en Cero Contenido ya hemos tratado el tema antes, aunque sea de manera ligera: ¿por qué chucha a la gente le importa tanto la opinión de Mario Vargas Llosa sobre huevadas que no tienen que ver con literatura? La última vez que chequeé, aparte de haber ganado el premio Nobel, Mario Vargas Llosa ha fallado en todo lo que ha hecho en su vida, desde cosas importantes como su carrera presidencial hasta cosas elementales como por ejemplo no tirarse a parientes cercanos.

Mario ‘Me tiro a mi tía’ Vargas Llosa

Fuera de cucufaterías (R-E-S-P-E-C-T a todos nuestros lectores incestuosos que nos estén leyendo allá afuera), no es sólo grave el hecho de que Vargas Llosa esté dando declaraciones públicas sobre absolutamente cada evento que suceda dentro y fuera del Perú, sino que la prensa tiene una fijación con preguntarle constantemente su opinión acerca de todo. Es como si cuando no hay nada que reportar los periodistas llaman a Vargas Llosa para preguntarle qué preparó de almuerzo hoy (probablemente diga que ‘la sopa de la tía Julia’). Como si esto no fuese suficientemente malo, los consumidores de medios consideran que la opinión de este tipo es lo suficientemente válida como para considerarla un argumento. Esto se demostró hace uno o dos días cuando las redes sociales se llenaron de reblogs de artículos acerca de las declaraciones de Mario Vargas Llosa acerca de su apoyo hacia la tradición de las corridas de toros.

Honestamente, guardé los links de los artículos sobre el tema pero nunca los leí porque ‘a mi qué chucha su opinión‘ y también porque ‘ahorita tengo que leer mil separatas de la universidad‘. Si bien inicialmente tenía pensado escribir un artículo sobre cómo ‘al comienzo las corridas de toro me parecían como las huevas pero luego vi ToroTV un día y me traumaticé y considero que las corridas de toros son horribles y no transmiten ningún valor positivo a la sociedad’, al final decidí irme por lo básico y cuestionar ¿por qué chucha alguien le haría caso a Vargas Llosa sobre absolutamente cualquier cosa? Démosle la espalda a sus opiniones no requeridas y démosle la espalda a sus libros también, aparentemente for the lulz.

Ya que no se me ocurre nada más que decir sobre el tema y, como dije, tengo que leer mil separatas.. sólo los dejo con esa última pregunta y una imagen de un oompa loompa siendo corneado por un toro. Muchas gracias por su atención.

Dile no a las corridas de toro. Dile no a Mario Vargas Llosa. Julio Ramón Ribeyro escribía mil veces más chévere de todos modos.