La llegada de las redes sociales como parte cotidiana de nuestras vidas trajo consigo la renovada estrategia para las campañas ideológicas y comerciales: la idea de que, como individuos, pertenecemos a algo más grande que nosotros. Pertenecer a un grupo o movimiento  no es novedad, sin embargo la manera en la que nosotros decidimos exponernos a nosotros mismos ante la sociedad como parte de una ideología ha tomado un giro más marcado de lo que alguna vez ha sido en el pasado. Me refiero a cojudeces como las pulceritas PPKausas y esos malditos pins que la gente pone en sus fotos de perfil en Facebook para dejar que todo el mundo sepa por quién va a votar:

¿Una rubia votando por Humala? Ya, Juan.

Más allá de representaciones gráficas, la tendencia actual es que la gente se catalogue a si misma con adjetivos que sean identificables con una idea que ayude a las demás personas a entendernos con una sóla palabra: soy liberal, soy post-modernista, soy INCOMPRENDIDO(Donofrio)™ o, lo que es la autodefinición más asquerosa del mundo: soy de la PUCP.

Mano en el pecho

LaUniversidad Católica desde hace años ha tenido fama de estar repleta de alumnos y docentes liberales, de izquierda, homosexuales y con fuerte tendencia a protestar. Ahora bien, a pesar de notables excepciones, en general estos estereotipos se mantienen aunque sea medianamente ciertos. Aunque la mayoría de gente dentro de la universidad no comparte estas ideologías (porcentaje del alumnado que pensaba votar por Keiko [citation needed], el porcentaje de personas que demuestran un interés en temas de aceptación y respeto a los derechos humanos es bastante considerable. Así es que en la PUCP se formó una larga tradición de manifestaciones y plantones cuando el alumnado o trabajadores de la universidad se sentían descontentos con cualquier temas. Desde tonterías como esa marcha en la que fueron a joder a Rafael Rey a su casa (y se equivocaron de dirección) hasta cosas más importantes como… ok, no se me ocurre ninguna ahorita, pero el punto es que cómo yo lo recuerdo: a los alumnos de la PUCP les gustaba quejarse sobre absolutamente cualquier tema que les pareciese relevante y, a pesar de que me cagaban los jueves culturales con sus batucadas de mierda para que le bajen 20 centavos al menú básico, estas protestas constantes siempre me han parecido algo bueno y necesario.

Si bien cada uno está en su derecho protestar por menús que cuesten 20 centavos más caros, igual es un poco conchudo jurarse Javier Heraud al hacerlo. Por alguna razón hoy en día la mayoría de los alumnos de la católica parecen creer que al ingresar a la PUCP automáticamente se convierten en V de Vendetta y que toda queja que sale de sus bocas está colaborando a una revolución social. Mejor todos nos ponemos pantalones cuzqueños, nos hacemos dreads, vamos a chupar a Luz Verde y fumamos marihuana hasta cambiar el mundo.

Las protestas de la PUCP han perdido toda consistencia y encima han caído en un ciclo repetitivo anti-Cipriani que funciona en base a quejas que no tendrán ningún tipo de repercusión en el caso de le la Iglesia vs la PUCP debido a que en el mundo real, los jueces y abogados tienen mucho más peso que un ejército de cachimbos colgando memes en Internet.

Esto se volverá viral en 5… 4… 3…

Hay dos temas feos detrás de la reciente obsesión monotemática de los alumnos de la PUCP con respecto al tema Cipriani:

Punto 1: El espíritu de orgullo PUCP está siendo principalmente patrocinado por la administración de la misma universidad y no por los alumnos. Así, tenemos a la Universidad gastando plata en carteles como este:

Esto + las cámaras de vigilancia = Católica 1984

Estos carteles estuvieron colgados por 1 o 2 semanas en el perímetro de las paredes de la universidad y fueron removidas debido a quejas de la FEPUC, para luego ser distribuídas en postes dentro de la universidad para continuar con la rutina de adoctrinamiento. ¿Somos PUCP, seámoslo siempre? ¿En serio están gastando mi plata de la boleta para pagar estas cojudeces? O fácil las están pagando con la plata que ganaron al vender estas otras huevadas:

Punto 2: ¿En serio no hay otros temas de los cuales podríamos estarnos quejando? La lucha contra una amenaza externa nos ha hecho olvidar de los problemas internos de la universidad. No sólo que estén gastando nuestra plata en carteles que promueven una ideología de unidad universitaria, que no a todos les es bienvenida, sino que esa plata que pagamos en cada boleta ha estado aumentando considerablemente cada año. Estas son las cifras de el alza en el costo de créditos que debemos pagar los alumnos de la PUCP:

Por favor dejen de concentrarse sólo en la huevada de Cipriani y volvamos a quejarnos sobre el costo de la boleta para que así los alumnos que pagan Escala 1 puedan seguir costeando sus estudios y los alumnos que pagan Escala 5 puedan gastar más dinero en la feria del libro cargando gastos a la boleta de sus padres.

Ya pues, alumnos PUCP. Déjense de weas. Protestar por las puras es la máxima muestra de que las ideologías contemporáneas son casi exclusivamente pose. Ser liberal de izquierda es la nueva moda de otoño y así vamos a seguir viendo plantones monses llenos de cachimbos emocionados de poder subir fotos a Facebook en un album de ‘mi primera protesta’ en la que entonarán himnos vacíos. En palabras de Kurt:

He’s the one
Who likes all our pretty songs
And he likes to sing along
And he likes to shoot his gun
But he dont know what it means