Saquemos tu pataleta del camino primero

En los últimas semanas, se puso de moda hablar de lo importante que es poder bajarse todo sin pagar un carajo la libertad de contenidos en Internet, con floros muy románticos, puntos de vista totalmente válidos sobre el camino que debería tomar la industria de contenidos y cosas por el estilo. Todo iba bien hasta que…

Así es, lo mejor que se les pudo ocurrir fue llenar todo de memes (que dejaron de ser graciosos desde que 9gag vio la luz) y considerar como “guerra” a una clarísima pataleta porque ya no ibas a poder ver series gringas y películas en Cuevana ya que todo estaba mágicamente alojado en Megaupload y, pucha pues, se lo bajaron. Esto hizo que mucha gente se molestara de una manera desproporcionada (digo, el FBI hace cosas peores y no pasa nada hasta que no te agarran de las bolas con algo que afecta tu comodidad, eh?) y tuvieron la genial idea de hacer lo que siempre se hace cuando se está molesto en Internet: atacar el sitio web con un ataque DDoS. Para no entrar en tecnicismos, lo explico de una manera bien simple gracias a Wikipedia y lo que recuerdo de mi época de ingeniero:

Diagrama de una DMZ con dos Firewalls

Si es que el sitio web no está alojado en algún proveedor externo y es parte del datacenter de la empresa, necesariamente está en lo que se conoce como “DMZ” o “Zona Desmilitarizada”, donde puede entrar cualquiera y no se exponen ni pone en riesgo la integridad de los datos “de verdad” de la empresa. Haciendo una analogía: hacer un ataque DDoS es como meterte a una tienda a joder, llenarla por completo y que nadie más pueda entrar, pero sus almacenes y oficinas siguen operando con normalidad, solo que van a tener que perder un poco de tiempo en idear un plan para botarlos a todos. Por lo tanto, no, atacando la web de la RIAA, MPAA, FBI y Universal Music no los jodiste en lo absoluto. Peor aún con la de APDAYC, que parece fue hecha en 1999 o algo y no sirve para nada más que ser un altar auto-masturbatorio para Massé, Julio Andrade y sus amigos.

Qué tan poco te querrán que casi no hay fotos tuyas en Internet, Mr. 217 votos

A la que sí creo que jodieron fue a la oficina de patentes de EEUU porque su web sí sirve para registrar tus derechos de autor (esto es, si crees en ellos). Entonces, ¿qué clase de guerra es esta? Ninguna, no deja de ser una pataleta o lo mismo que salir en un grupo chico a protestar en la calle por las huevas, porque si el gobierno de Estados Unidos no le hace caso ni al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, menos te hará caso a ti y tus amigos. La industria sigue funcionando, no se dejó de percibir ingresos ni se aumentaron, bajó el tráfico total de Internet (lo cual es bueno, ya que no tienes miles de personas saturando todo el ancho de banda viendo Transformers 3 a 320×240 en Cuevana) y en cuestión de unas horas las webs “atacadas” volvieron a estar de pie. Buena guerra.

¿Desaparecen Megaupload, Taringa, Cuevana, Series Yonkis y Grooveshark? Saldrán cientos más como ellos mientras a la industria no le dé la gana de invertir en investigación y desarrollo para explotar mejor las “nuevas” tecnologías (lolz, hola 1991 y la aparición de la WWW), así que no se preocupen. Es una joda que se hayan chifado todo el contenido y tener que empezar de cero otra vez, pero tanta maravilla ilegal (según el marco actual) era demasiado buena para ser verdad. Igual con lo rápido que avanzan las comunicaciones, en cuestión de un par de meses o menos estará todo de vuelta. Entonces…

 

¿Pro-SOPA o anti-SOPA?

Mmmmm! Noodle soup!

Sintetizando mi punto de vista: el Copyright es una suerte de “mal necesario”, ya que así como algunos de nosotros creemos que no vale la pena proteger los derechos sobre nuestras creaciones (con ciertos límites como su explotación comercial sin autorización o un plagio descarado), hay muchos otros que sí quieren proteger sus inversiones. Son empresarios grandes, medianos y pequeños que invierten no solo dinero, sino tiempo y el conocimiento de sus vidas enteras y carreras profesionales en armar contenido y, por qué no, esperar una retribución por todo ello. Suena bonito en el papel, pero siempre están los excesos: los grandes magnates que invierten demasiada plata en producir contenido y, con justa razón, quieren ver algo de esa plata de vuelta porque, sino, ¿para qué mierda invirtieron en primer lugar?

Te presento al Copyleft

Entonces, se tiene la división entre “Copyright” y “Copyleft”: contenido con propietario y contenido con libre uso bajo la modalidad que el creador considere apropiada. Yo tengo una banda y las canciones tienen licencia de Creative Commons: te la puedes bajar, pero no la puedes usar comercialmente ni darle uso derivativo sin mi permiso o sin notificarme. Mínimo, ¿no? Así como mi música, existen muchos otros creadores de contenido (Libros, Películas, Series, Software y aún más música) que te permiten disfrutar de sus creaciones gratis.

Acéptalo: de no ser por NBC, Columbia y Sony ni siquiera podrías hacer una broma del Soup Nazi

¿Qué pasa entonces? Parece que el contenido libre que tanto defiendes o no te parece tan bueno o el que tiene una mayor inversión (y que espera un retorno a esta) le saca la zamputa en calidad. Por más que no sea evidente, así veas Seinfeld o Superboy en el Canal 13, de alguna manera súper indirecta estás pagando por ello. Así sean unos cuantos centavos, “no hay almuerzo gratis”. Algo mueve la maquinaria y hace posible que se operen los equipos que te llevan contenido.

El agua del parque ¿es gratis? NOPE, Chuck Testa!

Hagamos una analogía con el agua: pagas un servicio mensual por el acceso doméstico, pagas por “parques y jardines” en tus arbitrios anuales, algo del IGV que pagas al consumir en un distrito se va a la Municipalidad local, pagas por agua embotellada o simplemente llenas tu botella en un bebedero de un baño público, con la manguera que el jardinero dejó suelta en la puerta de una casa, etc etc… pero finalmente, también podrías ir al río y tomarla completamente gratis. Es lo mismo que ver tele, escuchar música o leer libros: lo puedes hacer en tu casa, comprando individualmente, pagando una suscripción anual o mensual, yendo a bibliotecas públicas, escuchándola en la combi, ver bloopers en una sala de espera, etc. El hecho que pagues por uno de los accesos no quita que puedas disfrutar del acceso pagado por otro. Pero alguien paga finalmente.

 

Pero ya, ¿SOPA o no SOPA?

Que la industria de contenidos se queje de que existen medios alternativos para obtener sus productos es como si Sedapal se quejase de la industria del agua embotellada o que la Coca-Cola Company pitee porque uno pueda volver a llenar su botella de agua San Luis desde el caño de su casa.

Sedapalito está en contra de SOPA

Otro ejemplo muy claro de cómo una industria ha sabido lidiar con métodos de distribución alternativos es el porno. Cuando explotó Internet, Playboy y Penthouse optaron por hacer de sus webs prácticamente una réplica de lo que eran sus revistas, llevando su modelo físico a un nuevo medio hasta que salieron catálogos infinitos gratuitos con porno por todo Internet y algunos sitios pagos con modelos mucho más creativos para explotar el contenido.

Tanto Playboy como Penthouse, y muchos que editaban porno en VHS en esa época, claramente han perdido terreno o hasta han desaparecido frente a miles de equipos humanos que supieron hacer lo que casi nadie en la música, cine y libros ha logrado hasta ahora: un modelo autogestionario que sea redituable. Carajo, hasta el “sexo por teléfono” es un modelo viejísimo que logró darle un uso de valor agregado al servicio telefónico con un pago extra, tarifado al minuto y todos pagaban (o hasta siguen pagando) felices. Si te cobran un poco más en tu cuenta de Internet pero puedes acceder a una mega biblioteca de contenidos, ¿la haces?

El porno es tan dominante en Internet que no está fuera de lugar decir que gracias a ellos es que se tienen transacciones seguras con tarjeta de crédito, amplias redes de merchandising (fleshlights, películas y fotos en alta resolución, libros, lencería, etc) y finalmente terminaron por definir lo que es el e-commerce como lo conocemos hoy. La tendencia ideal sería, entonces, ir hacia un modelo similar: muchos creadores de contenidos pero con menores márgenes porque demandan menor inversión, solo que con soluciones creativas pueden ser más rentables que las inversiones exageradas de Hollywood o las grandes disqueras.

Algo me dice que este señor no debe estar muy contento con la Sopa Ramen

SOPA pretende mantener el control en manos de unos pocos, cuando en verdad deberíamos apuntar hacia un modelo “intermedio” y de tolerancia donde:

  • No existan más los “oligarcas” del contenido.
  • Los productores autogestionarios tienen más fuerza y son rentables, haciendo que sea viable vivir de las creaciones porque…
  • El público consumidor es consciente que hay obras protegidas que pagar y desprotegidas que no se tienen que pagar.
  • Se acepte que es posible acceder a un modelo de “entretenimiento como servicio público” (Europa y Reino Unido tienen una especie de “impuesto a la TV doméstica” anual y no están tan locos como Estados Unidos con el asunto de la piratería) donde se llegue al balance gracias a que una cantidad suficiente de pagantes hace que el modelo sea viable.
  • No te persigan como a un criminal si eres un consumidor moderado por medios ilegales.
  • Te persigan como a un criminal si explotas medios ilegales para distribuir protegido contenido.

Porque sí, tal vez no te joda que el vecino te robe luz un rato, pero si te instalan una subestación en el techo de al lado conectada a tu medidor y terminas teniendo que pagar por la luz de toda la urbanización, te vas a molestar… supongo. La denuncia a Megaupload no fue por permitir que se aloje contenido solamente, sino porque lucraba con el servicio Premium: una empresa se llena los bolsillos a costa de compartir indiscriminadamente contenidos que están protegidos.

Por eso es que modelos como DropBox, YouSendit o MediaFire con sus respectivas restricciones (o incluso iCloud, aunque no he investigado ni me importa porque Apple es para maricas) aún subsisten legalmente: porque hacen virtualmente imposible que se aloje una librería tan pendejamente grande de contenidos protegidos. Lamentablemente acá se cometió un exceso y se confundió libertad con libertinaje. Va a volver a pasar y otro caerá. Napster, Kazaa, WinMX, Audiogalaxy y LimeWire les mandan saludos.