Así que anoche estuve en el bar Zela, en el Centro de Lima para ver bandas en vivo, lo cual demoró un poco gracias a un recital de poesía de izquierda o algo así…

Esto de la poesía es un arte que realmente no entiendo y jamás entendí. De hecho, creo que lo mínimo que podían hacer los expositores era recitar con un poco más de vocalización o entonación. No sé, realmente no entendía nada de lo que decían y todo se convirtió en un tedio alucinante de proporciones épicamente malas.

De pronto llega un manchón de gente con “pinta caviar”. Ya saben… “pinta caviar”. Entre ellos una tía “bohemia” con una chompa larguísima, lentes de marco y cigarro en mano, zurrándose en la norma que prohíbe fumar en lugares cerrados y en el mínimo de cortesía que implica preguntarle a alguien (en este caso: yo) si la silla de al lado estaba ocupada. Se sentó como en su casa. En fin… tomó el escenario luego que fuera presentada como Soledad Piqueras.

Así que mi menté asoció todo y dije “TODO CALZA POLLO”… ella era “la” famosa Soledad Piqueras, hija de Susana Villarán y supuesta mandamás en varias gerencias de la Municipalidad de Lima. Según algunas denuncias (Expreso y Correo, replicando algo que venía sonando en redes sociales desde hacía un par de meses atrás), esta persona era quien terminaba dictando lo que se consideraba apropiado o no para las diferentes manifestaciones culturales promovidas por la Municipalidad, siendo recontra argollera y metiendo a todos sus amigos caviares por todos lados. Que si no se hacían las cosas a su manera, todo estaba mal y no sé qué más.

Al tomar el escenario dijo “necesito dos hombres que me puedan ayudar cargando a una mujer de poco peso”. Nadie respondió. “¿Nadie? Hombre, transexual, gay, ¡no importa!”… DIOS MIO, ¡no le importa si son transexuales o gays! ¡Qué cultural! ¡Qué mentalidad tan abierta!

Luego ordenó que pongan una canción cuando ella cayera el piso, que era parte de la performance. Vale. Esperemos que sea algo bueno. Ya estaba bastante pasada de la hora en que se suponía que el concierto empezara, zurrándose en el horario establecido desde antes. No le importó. Dijo “empezaremos en unos 8 a 10 minutos” y procedió a calatearse. Caviar que se respeta necesariamente incluye desnudez en sus expresiones “artísticas”. Bueno, será.

Su cuestión esta fue acompañada por un slideshow de imágenes de masacres en el ande. De nuevo: caviar que se respeta, sí o sí tiene que hacer referencia al Estado asesino y al pobre campesino que es inocente de todo, porque el Estado es malo y no sabe hacer las cosas nunca. Pero claro, tú estás feliz ahí regia y calata mientras entra gente humilde al local pidiendo limosna, vendiendo cigarros, etc. ¿Total? Con ellos no es. El problema de la Municpalidad donde metes tus narices no tiene nada que ver con los marginados que no tienen oportunidades y se las arreglan así. Para nada.

Así que empezó el asunto. Uno de los poetas empezó a recitar algo y la infanta, previa meditación en una esquina del local, se sentó sobre la mesa para echarse pintura roja encima. ¿No podías hacer alguna referencia un poquito más obvia y trillada sobre las matanzas? Creo que sí. Tal vez… ¡hacer mímicas de disparos! El punto es que ya estaba ensuciando el local con esto, dejando todo hecho una mugre para quienes debíamos usar el escenario después. ¿Creen que le importó?

Entonces se paró, cayó al piso, empezó la música (que era reggae genérico cantado en clave de salsa, con cualquier contenido lírico irrelevante), le tiraban harina o arena o algo así (¿referencia a la coca o a ser enterrado luego de “desaparecido”?) y se la llevaron cargada. Fin. ¿Eso fue todo? ¿Para eso hiciste tanta huevada? No habrá durado ni tres minutos y su manchón de amigos o empleados o lo que sea explotaron en vítores, aplausos y miles de flashes. Estaban frente a “la” obra artística de sus vidas. Todo el mundo documentándolo con sus cámaras, era un suceso trascendente, apoteósico, imperdible.

¿En serio?

No sé si hay algo que no entendí o si realmente es un espectáculo mediocre. Mi novia me decía que este tipo de arte parece ser ideal para aquel que no es bueno ni tomando fotos, ni haciendo música, ni en las artes plásticas, ni bailando, ni nada. Puede ser. Creo que demanda muy poco esfuerzo hacer algo así y simplemente le han dado vitrina por ser “hija de…” cuando en verdad no le vi el mínimo esfuerzo ni valor artístico. He visto performances no mucho más elaboradas, de gente que no tiene “el nombre” e igual podía considerarse que estaban pensadas siquiera un poco más que esto.

¿Danza interpretativa? Bacán. ¿Jugar con iluminación mientras te contorsionas? Normal. ¿Salir de una caja? ¿Hacer que emerges de un capullo? ¿Escribir cosas en las paredes o usar papelitos con frases? Hay tantas otras cosas que se pueden hacer dentro del género “performance” y que son  mucho mejores que esto y ni siquiera reciben la atención ni mucho menos la algarabía con la que se aplaudió el final de esto. Apenas y da para que lo chequeen los amigos que te apoyan.

¿Cómo terminó? Se paró y dijo “bueno ya, que alguien venga a limpiar esto para que los de la música hagan lo suyo pues”. Bien, infanta. Muy bien. Que el cholo limpie lo que tú, la hijita de la alcaldesa, manchaste porque te dio la gana.

“Anarquista y libertaria, izquierdista desde siempre”, como te defines en tu Facebook personal, esto es lo que aparentemente consideras cultura aceptable. ¿Con qué criterio? Con razón la gente se queja de ti y se están quitando de la Municipalidad. Palmas.