En los últimos meses vengo teniendo una discusión con un viejo amigo sobre las posibilidades de las nuevas tecnologías de la información para el desarrollo de una cultura democrática en el país y en el mundo. Mi amigo cree que el desarrollo y la subsecuente expansión de las tecnologías de comunicación crearán necesariamente un mundo más democrático, justo, libre y para todos. Yo creo que no. En este post trataré de presentar algunos de mis argumentos, completamente cargados  y plagados de nociones falaces sobre lo que realmente sucede.

Porque sino ¿qué tipo de periodismo estaríamos haciendo?

Estoy convencido de que llenarte la cabeza de sentidos comunes no va a desarrollar necesariamente en ti una especie de “voluntad pública”, “llamado político”, “sentido crítico”, o como quieras llamarle. Más bien, creo que la compulsión a “saber más” o “enterarte de todo”, puede funcionar fácilmente como un escape simple y facilista a la necesidad imperante de actuar políticamente como un ciudadano. Algo como comprar en Starbucks y operar del labio leporino a niños negros de países que jamás conocerás. Ergo: puedes vivir preocupado porque hay tráfico de diamantes en Nigeria y hacer un escándalo por eso en 140 caracteres, pero no puedes identificar 5 cuestiones (conflictos, debates, problemas, etc.), que están desarrollándose en tu comunidad local (y eso va desde tu urbanización, hasta tu parque, tu municipalidad, etc.), y mucho menos hacer algo al respecto, o imaginar qué se podría hacer.

Por ejemplo: cómo deshacernos de las vírgenes en los parques. 

 

Sentidos Comunes

Entonces, puedes estar en Twitter y seguir a unos cuantos periodistas caviares, un par de periodistas de “provincias” (si es que vives en Lima), a lamulape, uterodemarita, a Rosa María Palacios y Álvarez Rodrich (porque te gusta trolearlos o porque realmente los quieres), a Carlos Raffo, a unas cuantas ONG’s de Derechos Humanos, a Ronald Gamarra, Fernando Tuesta (aunque ya acabaron las elecciones y a nadie le importa lo que diga ese cagón con respecto al fútbol), y unos cuantos ilustres twitteros que te pueden decir qué tan corrupto, miserable, perverso y obsceno es el universo de relaciones sociales, económicas, políticas y culturales del país y el mundo.

O también podrías seguir el twitter de Adri_Vainilla y enterarte de que esa huevona de algún modo sigue viva.

Podríamos ir un poco más allá y ser un ciudadano del mundo –no te bastó con el berrinche de las elecciones- y podrías estar preocupado (concerned) por lo que pasa en Irak, China, Egipto, Etiopía, Libia, Wall Street, Grecia, Dinamarca, Japón, y la Copa América. Si no te basta Facebook y Twitter puedes seguir absorbiendo información desde Google Plus, tu “SmartPhone” (smarter tan you), etc. Sí, el mundo está jodido y tú vives en él; y, además, te estás enterando de todo en tiempo real, prácticamente gratis y con el esfuerzo mínimo.

Felicitaciones, has logrado convertirte en:

a)      un histérico

b)      un alpinchista

c)       un erudito

d)      un snob

e)      un “activista” 2.0

f)       un troll

 

 

Y, ¿Luego qué?

Pues lograste anclar y conectar una serie de “hechos” (facts) sobre lo que pasa en el mundo hoy en día, lo cual te ha llevado a desarrollar una especie de “sentido” acerca del mundo que compartes con un círculo de personas con los que discutes o a los que “trolleas”. Te dedicas día y noche a reproducir sentidos comunes, sin darte cuenta que estás jugando histéricamente con tu tiempo y con tu vida, creyendo que haces patria, o, peor aún, mundo.

Y es que has logrado “socializar” un síntoma que tal vez tenías: “Sí, las cosas están mal, ahora sé por qué”. En algunos casos el síntoma ni si quiera existía y la transformación es más radical: “No tenía idea de que el mundo fuera un lugar tan cruel. Ahora dejaré de bañarme y protestaré contra eso”. ¡Bien hecho!

Listo para ser estudiante de la PUCP

 

No importa si no sabes qué chucha es un transgénico, si no sabes cómo funciona el Congreso de la República, o si no sabes dónde chucha queda Haití. Estás preocupado por todo, vives angustiado, el mundo nunca estuvo peor. ¿Te enteraste de que Del Castillo sabía todo sobre la negociación de Quimper y Rómulo León?, ¿Sabías que si las mineras pagaran sus impuestos podríamos construir mil estadios nacionales?, ¿Ya supiste que a Álvarez Rodrich lo botaron por un conflicto de intereses? Sí, lo sé todo. Ahora, dime algo nuevo sobre mi país, perra alarmista.

 

We are the World. We are the children.

Antes se te hubiera hecho imposible o muy difícil crear esta especie de “noción con respecto al mundo”, al menos, de una manera tan “nutrida”. Tal vez porque hubieras estado preocupado luchando por la supervivencia de tu “clan”, “clase”, “comunidad”, o “pandilla”, o al menos buscando su notoriedad pública, es decir, tratando de elevar los intereses propios de tu grupo a la esfera pública, compartida por todos. Ahora las pandillas tienen página de Facebook y se trollean entre sí por mensajitos en sus muros. ¿Dónde quedaron las pedradas de los anarco punks a los metaleros? ¿Alguien se ha puesto a preguntar -antes de chuparle compulsivamente la pinga a Julian Assange- sobre la lucha por los derechos civiles en nuestro país? Acá todos nacieron con el derecho a votar y ser felices.

Y no se olviden del derecho a comer rico.

Creo que lo que trato de decir es que reconocer una causa como justa –o no justa- no te convierte en un demócrata o en un activista. Sí, me parece que matar pandas, violar niñas de 10 años por el ano sin su consentimiento, o tener un Presidente de la República genocida, criminal y corrupto está mal. ¿Y qué? Saber que el mundo es un lugar enfermo y triste no te hace un activista político. Para enterarte de eso bastaba con preguntarte por qué la gente es tan miserable en tu ciudad, o por qué la carretera que te prometieron no se termina hace años, o por qué hay tanta gente que se muere literalmente de hambre en los cinturones de pobreza de tu ciudad patrimonio cultural de la humanidad. Me parece, más bien, que enterarte de todo esto, hoy en día, te encierra más en tu casa, o en tus pequeños círculos sociales de histeria.

No importa cuántas veces Julian Assange te muestre que los Derechos Humanos no existen en el mundo práctico: verlo tanto, en vivo y en directo, te ha acostumbrado a vivir así. Como ver al hijo que viola a su madre y mata a su hermana en una casa en Villa el Salvador, o el policía que golpeó al homosexual en Los Olivos, o la puta pepera que tiene pinga y se cachó a Paolo Guerrero.

Photoshop pending…

Ideales Colectivos – Democracia Cristiana

Y es que no importa cuántas veces veas el vídeo de wikileaks en el que matan a los periodistas a sangre fría, o cuántas veces veas negritos de Nigeria patrullando con rifles de asalto, o que la portada de National Geographic sea una mujer con la cara desfigurada por los golpes de su marido, o que Mario Hart folle por el orto la gordita flaca de Al Fondo Hay Sitio, o que Alan García done una fortuna para construir un falo cristiano sabiendo que nunca ha trabajado o ganado un sol (lícitamente). Lo que importa es saber por saber. Acumular conocimientos y sentir que eres parte de algo más grande. Sentirte bien conociendo y argumentando como si estuvieras en tu palestra griega; es decir, hacer una medición de penes con tus patas cada vez que se te dé la oportunidad (para eso no tienes que ser hombre, las mujeres también miden sus penes).

A veces más literalmente que otras.

Ahora, lo paradójico es que en el Perú, si no estás “in”, con lo que “pasa-en-el-mundo” (mejor dicho: si no compartes mi opinión), puedes ser anulado simbólicamente con frases como: “eres un resentido”, “infórmate y luego opina”, “eres ignorante”, etc.

El síntoma de que algo anda mal ha sido reemplazado de manera fetichista por un “me remito a los hechos” recontra caviar y también recontra facho. Mis amigos, que se indignaban cuando Jaime de Althaus les trataba de explicar a los pobres que ya no eran pobres (porque ahora están sobre la línea de pobreza por apenas unos soles), proponen ahora la misma fórmula argumentativa: “no importa que tú sientas que esto está mal o no te gusta; si no te gusta, es porque no lo entiendes”. Gran lección de tolerancia y caviarismo 2.0.

Y, entonces, ¿Dónde quedó la democracia y la propuesta política? Si eres ignorante, resentido, o no sabes acerca de lo que se está hablando, entonces no tienes derecho a hablar, no importa si se trata de DD.HH, PBI, VCD o DVD.

¿Es que la nueva democracia es una especie de rito cristiano en el que tienes que sentirte culpable antes de comprometerte con una causa pública? El “debate” intelectual peruano más parece una gran orgía de “mi culpa, mi culpa, por mi gran culpa”, que un espacio de propuesta y creación. ¿De qué sirve saber que el mundo es un desastre si es que lo único a lo que va a llevar es a que te conviertas en un snob de la verdad?

Sinceramente, prefiero el síntoma no-socializado al síntoma fetiche 2.0: hay más política en los camerinos de la selección peruana que en todos estos debates, conferencias de web cam, posts, y cojudeces. El saber no genera compromiso, sino que más bien puede llevar al goce autosatisfactorio. Sí, creo que para algunos, enterarse de las masacres en África es como correrse la paja. Algo bien francés.

Para terminar, los dejo con unos comentarios que leí el otro día en un post del blog en los que justamente se “opina” “democráticamente”:

 

“SINO APRENDISTE POESÍA, MEJOR NO OPINES”.

“Y DE FOTOS, CINE, Y CULTURA NO PUEDE HABLAR ALGUIEN QUE NO ENTIENDE”

“MEJOR CALMA, EN VEZ DE CRITICAR TU TE HACES VER COMO UN DELINCUENTE”

 

Cortesía de Soledad Piqueras y/o los fans de Soledad Piqueras.