Me desperté esta mañana con una llamada de mi hermano. Me pedía –a recomendación de unos amigos suyos- que deje de ser tan violento en mi cuenta de twitter. La petición se expandió a otra red social, Facebook: “También modérate con los mensajes en Facebook”.

Desde acá aprovecho para responderle a él y a unos amigos más, que en las últimas semanas me han pedido que baje el tono de mis twitts, dándole una importancia descomunal e inusitada a una serie de mensajes de 140 caracteres que escribo –prácticamente- con el pene.

 

Todos somos kausas

Ayer me desperté con otra llamada. Una amiga me decía que tenía que informarme sobre lo que había pasado en Canal N en los últimos días. Yo, personalmente, no sigo Canal N, pese a que en mi casa mantengo una instalación pirata de Cable Mágico con la excusa de ver Canal N y CMD. Esa es una excusa que heredé de la generación de mis padres, que a inicios de la década del 2000 tenía que ver Canal N para creer que realmente estaban informados acerca de cómo caía la “dictadura”, y de cómo –a lo lejos- participaban “mandando energías” a Toledo; ese payaso cocainómano con una máscara de oxígeno.

En fin, el panorama era excitante, y, acaso, sombrío: Rosa María Palacios diciendo que ahora está convencida de que Keiko es una amenaza, posts en Facebook y Twitter comentando sobre el tema: Patricia Montero, productor general del canal, y José Jara, jefe del área de información y director del programa “D’ 6 a 9”.

‘Keiko’, según Google Imágenes

 

Recién una vez que los despedidos confirmaron lo que cualquier persona sensata en este país ya sabía: que habían recibido presiones de los directivos (Martha Meier Miró Quesada y Luis Miró Quesada) para moderar sus contenidos y así levantar la imagen de la candidata Keiko Fujimori; que se les había pedido atacar al candidato Ollanta Humala; y que deberían de dejar de “humanizarlo” (o mostrar su lado humano, humanitario, que es básicamente lo mismo).

Ambos periodistas manifestaron a los medios de comunicación que tenían serias dudas sobre la candidatura de Ollanta Humala (en materia económica, política, democrática, etc.), pero que temían más el retorno de toda la escoria que el fujimorismo dejó en el poder (y que ahora sale poco a poco de las alcantarillas).

(Este tipo de escoria, porsiaca)


El resto es básicamente lo que pasó una vez que los Miró Quesada y Graña botaron como un perro a Álvarez Rodrich: los periodistas haciendo –desde sus medios, supuestamente aún libres y objetivos- una especie de velorio/speech/chupada de pinga, “lamentamos la partida de Patty”, “Patty es una excelente periodista”, “Esperamos que IPYS se pronuncie al respecto”; “Esto es un duro golpe a la democracia”, etc., etc.

Ni hablar del activismo 2.0 y las redes sociales: miles de personas rebotando vídeos, posts, grupos y notas sobre este “atentado”, comentarios de indignación. Histeria costeña, le dicen.

No ESE tipo de histeria costeña.

 

Todos somos Rodrich (dentro o fuera de la ideología)

Pero este activismo 2.0 es realmente el activismo al estilo Rodrich. Llorar desde tu esquina, hacer tu berrinche y esperar a que tus patas se apiaden de ti con una palmadita en la espalda. Tal vez, si eres más vivo y jugador, consigas un pity-fuck. Todo esto después de que la pasabas muy bien y cuando creías que el resto chillaba porque eran simplemente caprichosos, escandalosos e histéricos (cosa que también es verdad).

No en vano César Hildebrandt le recordó a Rodrich luego de solidarizarse con él luego de que lo botaran de Perú21 como un perro, que durante el fujimorato la había pasado muy bien:

“Me refiero al señor Álvarez Rodrich, por supuesto. Al señor que le gusta ser burócrata privilegiado cuando gobierna un Fujimori y periodista “temerario” cuando las papas dejan de quemar”.”


César Hildenbrandntedttdt; el hombre cuyo apellido ha causado más typos en toda la historia del Perú.


Esto no es activismo, es ponerse majaderos una vez que te das cuenta de que la cafetería San Antonio no es un comedor popular, y que en tu país no existe –de manera práctica- la libertad de expresión, o, que al menos, la línea entre “libertad” y “control” es tan fina que en unos casos no puede ser distinguida.

Entonces, ¿quiénes son los “idelogizados” acá en el Perú? ¿Son los humalistas, etnocaceristas, huelguistas, manifestantes, sindicalistas y activistas sociales? Sí, lo son. ¿Pero no son estos “paladines de la democracia” las personas que están más sumergidas en la ficción simbólica? Definitivamente.

Una cosa es creértela: sí, Gastón Acurio, Magaly Solier y Kina Malpartida. Sí, crecimiento al 10% y pobreza 0. Sí, el Perú, la comida, el Perú está de moda, el precio de los metales, y demás significantes inscritos en los peruanos y que se activan enlazándose a otras cadenas significativas más peligrosas y complejas como: libertad, democracia, bienestar, igualdad, justicia.

La red de significados que la democracia en el Perú mueve es sumamente compleja y digna de nuestra atención, reflexión y análisis. Si no lo entendemos así, corremos el riesgo de pensar –como hacen los políticos, analistas políticos, y los mismos peruanos- que en el Perú la gente es bruta y vota con los huevos o porque se les regala un saco de arroz (¿existe una afirmación más racista que esta?).

Nota del editor: PEDRO PABLO KUCZYNSKI en el CADE del 2006: “Esto de cambiar las reglas, cambiar los contratos, nacionalizar, que es un poco una idea de una parte de los Andes, lugares donde la altura impide que el oxígeno llegue al cerebro, eso es fatal y funesto…”.

 

Sólo entendiendo esta nueva ideología post-política es posible entender lo mediocre y sombrío del panorama político en el Perú: “Sí, podemos discutir todo lo que quieras pero hay temas que están zanjados y que no pueden ser abordados, tales como la economía, las libertades fundamentales, el rol de los capitales internacionales, la problemática del Estado. Si tu pregunta no tiene nada que ver con eso, entonces está bien”. En ese sentido sí estamos a la moda, y, como en otros países “desarrollados”, la discusión política se limita a arañazos, fellatios y lobbies.

Unos están más dentro de la ideología; por ejemplo, Rosa María Palacios, o nuestro amigo Rodrich. Ellos no se veían venir lo que venía, porque estaban convencidos de que cholos comiendo sushi es lo mismo que crecimiento económico, que blancos viendo “Al fondo hay sitio” y comiendo en pollos Hikary es lo mismo que la superación del racismo, y que los pobres son pobres porque son brutos o flojos. Ese es el riesgo de la ideología: estar en la ficción (Alan García, Gastón Acurio, PPK) es tan peligroso como vivir fuera de ella.

Si no, lean este texto que escribió luego de hacer la “purga” en Canal N la directiva Martha Meier Miró Quesada –también candidata por el fujimorismo en los 90’s. Acá, todo se hace en defensa de la democracia y la libertad:

“En ese sentido, compete al equipo humano que forman los medios sacar a la luz los engaños de esas mismas autoridades o de quienes aspiran a serlo. En tiempos electorales hay que estar más atentos que nunca para no seguirle el juego a las agendas propagandísticas de los publicistas de los candidatos. Un medio tiene la obligación de decir la verdad siempre, con pluralidad, sin medias tintas, sesgos ni tapujos. Guste o no, la verdad y la transparencia son base de la libertad y con ello del sistema democrático en que la gran mayoría de peruanos y peruanas aspiramos a vivir y legar a nuestros hijos e hijas”.

 

Twittéate-esta

Y esa es mi respuesta a mis amigos cuando me piden que baje el tono de mis “twitts” (haciéndome sentir importante), o cuando me piden que use menos lisuras o insultos: atraviesen la ficción del formalismo político peruano (sentarse a la mesa y discutir sobre cosas en las que todos estamos de acuerdo) y empiecen a explorar la expresión onírica llevada al punto máximo: decirle a las putas que son putas, a las gordas que son gordas, a las ppkausas que son brutas, perras y cojudas por pagar 500$ mensuales en un colegio en el que solamente aprendieron a aguantarse los pedos y cachar con el chofer más pichulón.